Aquel día todo estaba a punto en la Escuela Benito Juárez para dar inicio a la Semana Cultural. Su directora, la profesora Genoveva, se dirigió al plantel educativo más temprano que de costumbre. No imaginaba la sorpresa que le esperaba. Se habían robado la televisión, la video, el dividi, las computadoras y el equipo de sonido. Casi se desmaya del susto. Unos vándalos forzaron la entrada de la escuela
Y así durante el resto del mes escolar los alumnos tuvieron que conformarse con las aburridas clases en el pizarrón y, encima, cantar a capela el Himno Nacional. Los días eran largos y sin chiste, hasta que un policía entró a la oficina de la directora. El policía buscaba a un ladrón de gatos y suponía que el sospechoso se había ocultado en la escuela. La directora Genoveva accedió a que registrara lo salones y eso causó un gran revuelo entre todos los alumnos.
Después de buscar al sospechoso por cada salón y no encontrarlo, el policía casi se retira de la escuela cuando de pronto Rosita sale del salón, lo alcanza y le dice: "¡Yo sé quién es el ladrón de gatos!" La directora Genoveva se muestra inquieta.
El policía se acerca a Rosita para escucharla.
-- ¡Fue Mario! --dice al policía.
-- ¿Estás segura? --le pregunta el teniente Macario.
-- Sí, sí, él me lo ha dicho, los tiene encerrados en su cuarto --empezó Rosita casi arrepentida de haber delatado a su amigo--. Pero, pero… no diga que yo le dije porque si no va a decir que yo ando diciendo que yo dije que él me dijo y...
-- Tranquila, Rosita, yo no voy decir nada. ¿Dónde está Mario?
Rosita no sabe, la directora Genoveva, ya más tranquila, le pregunta a la maestra Elvira, ella dice que Mario faltó esta mañana.
El policía decide ir en busca de Mario para verificar la acusación que había hecho Rosita. Si los gatos fueron robados por Mario, él iba a pagar, o sea, María, no el teniente Macario. Y si no pagaba, se iba treinta días suspendido de la escuela. Y ya venían los exámenes de fin de año.
El teniente marcha a casa del acusado. Rosita, por su parte, escapa de la escuela para advertir a su amigo que la policía va tras él
-- Mario, Mario, esteeee, hola, ¿cómo estas? --pregunta Rosita tratando de aparentar una calma que no siente. Su respiración agitada y la cara cubierta de sudor por la carrera desde la escuela la delatan.
-- Mal, gracias, ¿y tú? --contesta Mario con un rostro pálido y ojeroso.
¿Mal? Se pregunta a sí misma Rosita, pues claro, ha de saber que la policía ya viene tras él, ¡y todo por mi culpa!
-- Esteeee, oye Mario, ¿puedo platicar a pasar un contigo ratito?
-- ¿Qué? --pregunta Mario muy sorprendido sin entender nada, al tiempo que deja pasar a su amiga; bueno, más bien ella lo jala hacia adentro.
-- Siéntate, siéntate Mayito, ¿te puedo decir Mayito, verdad?
Mario sigue sin entender ni papa.
-- ¿Verdad que un día tú me platicaste que tenías tu cuarto lleno de gatos?
Mario trata de recordar-- Errrr, creo que sí, pero... --se rasca la cabeza.
-- Bueno, bueno, y ¿aún los tienes?
El teniente Macario llega a casa de Mario, encuentra la puerta abierta y escucha a escondidas la conversación de los dos amigos.
-- Sí, algunos todavía están en mi habitación, pero muchos los metí en el cuarto de atrás de la casa, ya me tenían harto porque...
-- ¿En el cuarto ese que no tiene ventanas, ni luz, ni salida? -- Rosita se espanta.
-- Sí, en ese, ahí amontoné todos los que pude sacar ayer, pero nomás los aventé así unos arriba de otros porque casi me cachaba mi papá, pero lo bueno es que no se dio cuenta, él cree que todos siguen en mi cuarto.
-- ¡Ay! Pobrecitos, y ¿a los otros qué les hiciste?}
-- Pusss nada, ahí siguen en mi cuarto, están todos amarrados, por eso no los saqué...
-- ¿Amarrados? Ashhh...
-- Sí, así los trajo mi papá, con unas así como tiras de metal, no las pude cortar y pusss los dejé ahí amarrados. Luego que los despache mi papá, pusss ya que los suelte él.
¡A-ja!,--pensó el teniente Macario-- conque padre e hijo son cómplices, muy bien, ya casi tengo el caso resuelto.
-- Pero lo más probable es que mi papá me regañe -- empieza a decir Mario muy apenado--, porque ayer que los estaba llevando de mi cuarto al patio uno se me cayó desde arriba de las escaleras y se despanzurró todito.
-- ¡Ah! ¿Y que le pasó? ¿Qué le hiciste? --Rosita casi se desmaya.
-- Pusss nada, lo metí en el ropero de mi cuarto pa' que no lo viera mi papá.
Rosita sufrió un ataque de asco, quería vomitar.
-- ¿Qué, tú también andas mala de la panza? ¿Por eso tampoco fuiste a la escuela, verdad? Pásale al baño si quieres, nomás no te tardes porque a mí también ya me anda...
Mientras en la calle el teniente Macario se retira porque ve llegar una camioneta blanca que se estaciona frente a la casa de Mario; piensa que es su papá, es decir, el de Mario, no el del teniente Macario.
Pero no, nadie se baja de la camioneta sospechosa. El teniente decide acercarse de nuevo a la casa del culpable. En eso, el papá de Mario llega a la casa, Macario lo detiene y se hacen de palabras.
-- Queda usted detenido por ser un roba gatos, señor. --anuncia triunfante el teniente.
-- ¿Qué? ¿De qué me está usted acusando? Yo no he robado nada...
-- Escuché a su hijo Mario confesar todo a su amiguita Rosita.
-- ¿A mi amiguita Rosita? --el papá de Mario se asusta de verdad-- ¿pero cómo supo él que ella y yo...
-- A su amiga de Mario, no de usted --aclara el teniente.
-- Ahhh, ahhh, ah, pero los gatos no son robados, tengo facturas de cada uno de ellos.
Rosita y Mario salieron de la casa al escuchar el alboroto.
-- Mire, aquí está la testigo. A ver Rosita ¿qué fue lo que te dijo Mario de los gatos?
Rosita repitió lo que Mario le había contado.
-- ¿Es verdad todo eso? --el teniente se dirige al papá de Mario.
-- ¡Pusss claro que sí!, nada de eso es mentira ni delito. A demás yo los compré, no los robé, para venderlos a la gente.
-- ¿Y qué hacen con ellos?
Mario contestó-- ¿Pusss qué va a ser? Los meten debajo de los carros y chak, chak, chak...
Rosita se desmayó, el teniente exigió que regresaran los gatos, el papá de Mario lo regañó, a Mario, no al teniente, por el gato dañado y finalmente mandó a su hijo a traer el gato despanzurrado.
De pronto el conductor de la camioneta blanca baja del vehículo y poner orden. Explica que todos los gatos robados están en su camioneta, que lo había hecho por una buena causa y que no quería provocar problemas a la familia de Mario. Era la directora Genoveva. Tenía planes de vender los gatos callejeros a una fábrica de violines para que con las tripas de los mininos hicieran las cuerdas y con el dinero comprar nuevamente lo que le habían robado a la escuela hacía ya varias semanas.
-- ¿Y, entonces, la confesión de Mario a Rosita? --preguntó todo azorado el teniente Macario.
Mario deja caer a la banqueta una caja que contiene al gato despanzurrado y entra corriendo a su casa. Sí, era un gato, pero hidráulico, de esos que se usan para arreglar las llantas ponchadas de los carros. Chak, chak, chak...
A Mario ya le andaba.

:D ¡Genial!
ResponderEliminar*n_n* Muchas gracias por el cuento!!!
:P Y por la foto del gatito también!
n_n Por cierto....
¬¬ ¡Exijo justicia para la mujer que quería vender a los gatos para sacarles las tripas a cambio de dinero!
:P Gracias!!!
n_n