Bajo una ventisca gélida el trineo de Nydi avanza tercamente sobre la superficie de la Antártida.
Contratada por lo que quedaba de la ONU, fue enviada a investigar unas extrañas manchas que han estado brotando bajo la superficie de hielo en las costas del desierto continente.
— Aquí la comandante Nydi al Pájaro Madrugador, conteste, Pájaro Madrugador —sólo la estática se escuchaba en su receptor.
— ¡Pinche Pájaro Madrugador! Se ha de haber quedado dormido.
— Calma, señorita, ¿cuál es su problema? ¿Y la razón de que utilice semejante vocabulario tan soez? —le respondió la radio.
— ¡Ya era hora! Tengo casi medio día tratando de comunicarme ¿Y ustedes? Perdidos.
— Bien, bien, ¿qué sucede?
— Estoy casi en las coordenada que me indicaron, no me es posible verificar las variaciones cromáticas de la superficie debido al cierzo que esta de la...
— ¿Está sola? ¿Y su compañero?
— Terminé con él, amén de que eso es algo que a usted no le importa. Yo puedo sola con este trabajo.
— Perfecto, escuche con atención, está de sobra decirle que esto es ultrasecreto, no queremos alarmar a medio mundo, así que le enviamos codificadas sus instrucciones y sus procedimientos, utilice código Alfa-nueve para accesar el documento. Cambio y fuera.
— Alfa-nueve, cualquier mocoso de secundaria se los puede descifrar, pero bueno, vamos...
“ Comandante Bióloga Nydi 9872:
Su trabajo consistirá en las siguientes etapas:
A) Llegar a las coordenadas indicadas.
B) Tomar muestras de la capa de hielo a doce metros bajo la superficie.
C) Envasar las muestras en recipientes herméticos y estancos a la luz.
D) Registrar anotaciones de fuerza ultravioleta en la zona.
E) Medir ozono toposférico.
F) Entregar personalmente, de ser posible, las muestras recogidas. En su defecto hacerlas llegar a como de lugar.
Código de seguridad: Penta-Trón.
Buena suerte.
Comando Ozono.”
— Que parcos. Y bueno —Nydi soltó un suspiro—. Una tarea terminada de seis por terminar no está nada mal, vamos por las otras cinco.
En las profundidades de la capa de hielo, en contacto con el agua aún no congelada, una colonia de seres nuevos percibía las vibraciones causadas por la broca que se acercaba cada vez más desde la superficie. Aquello era nuevo para sus primitivos sentidos: las vibraciones, los destellos luminosos, el leve calor generado por aquello que se abría paso a fuerza de giros veloces y presiones inimaginadas.
— ¿Es ella? —preguntó Dany observando la pantalla de rastreo situada en la estación espacial científica Pájaro Madrugador.
— Así es, ¿crees que necesite ayuda? —le preguntó el operador de la estación.
— No sé. Ni me importa.
— Ajá.
— Vamos, es una misión sin riesgo, por eso se la dieron, ir a investigar unas manchitas en la costra de hielo de la Antártida, ¡por favor!
— Estás que te mueres por estar con ella, ¿no es así?
— No.
— ¡Falso!
Una vez más aquella extraña presencia se acercaba disturbando la paz del fondo de aquel lugar.
La colonia se estremecía de nuevo, parecía como si estuviera excitada, todo era nuevo para ella.
En medio de la tormenta, Nidy se esforzaba por cumplir con su misión. Luchaba casi a ciegas contra el viento y la nieve hacía lo posible por clavarse en su ropa.
— Muy bien, mientras esto alcanza los doce metros, pondré el resto de los aparatos de medición, para acabar y largarme de aquí. Y también para demostrarles que no necesito de cabrones para hacer mi trabajo. ¡Pinche ventarrón!
Unos papeles salieron volando por la rendija de la ventana de su vehículo.
En el Pájaro Madrugador, que orbitaba sobre los polos, se encontraban Dany y Max, quien ocultó la presencia de aquel a Nydi.
— ¿Estos son los datos que esta enviando Nydi? —preguntó Dany.
— Sí, y vaya que lo esta haciendo en poco tiempo, a de estar urgida... —bromeó Max, el operador de la estación.
— ¿Urgida por qué, wey?
— Cálmate, yo sólo digo que ha de tener prisa por salir de ahí, eso era todo —explicaba entre carcajadas.
— Yo también estaría urgido.
— Lo estás, amiguito, lo estás. Toma revisa estos datos.
— ¡Púdrete!
Por fin aquella extraña aparición se acercó lo suficiente como para romper el hielo, literal y metafóricamente, la colonia la abrazó pero resintió el cambio de temperatura que la hizo retroceder, experimentó algo que nosotros interpretaríamos como dolor. Le había dañado; Se abrazó a esa extraña forma una vez que la temperatura de la misma no fue tan agresiva, pero justo cuando empezaba a acostumbrarse, la extraña forma se elevó de nuevo perdiéndose por donde había llegado.
— ¿Y ahora? ¿Qué jodidos es esto? —Nidy limpiaba la broca de un desecho verde oscuro, mohoso; No le dio importancia y continuó su trabajo. Cargó un recipiente para muestras a la punta del perforador y lo dirigió hacia el fondo para tomar un trozo de aquella materia extraña.
— ¿Estoy leyendo bien? —preguntó Dany a su compañero.
— Supongo que sí. Es increíble el grado de radiación ultravioleta que está pegando de lleno en esa zona.
— Realmente no es nada extraño si consideras que la capa de ozono en esa parte es inexistente. Mira las gráficas del Pájaro Madrugador en su órbita polar sur. Está confirmando los datos enviados por Nidy desde la superficie.
— Jamás había visto tan grande ni tan delgado el hoyo en la capa de ozono. Creo que esto es realmente grave.
— Precisamente por eso la enviaron a investigar.
Una vez más la extraña presencia se acercaba, ahora parecía menos amenazadora, no parecía ser tan agresiva como la vez anterior; No vibraba, no emitía calor, no dañaba. Un suave roce sobre la superficie de la colonia fue todo lo que la presencia le hizo sentir, una vez mas trató de aferrarse a ella, pero esta se alejó un poco e hizo un movimiento extraño. Se elevó de nuevo. La colonia decidió investigar y trató de seguir a la presencia.
— Nydi a Pájaro Madrugador, ¿me escuchan?
— Sí, Nydi, adelante...
— ¿Y tú qué demonios haces allá arriba? ¿Eh, Dany?
— Me encomendaron supervisar la misión y es lo que estoy haciendo.
— ¡Bendito! En lugar de estar partiéndotela aquí conmigo estas allá arriba muy cómodo; Siempre he pensado que eres un....
— Nydi, estamos en una frecuencia abierta, mejor contrólate y hablemos del trabajo. ¿Cómo te va con las muestras? ¿Ya las tomaste?
— Ca..., sí, ya tome la de frótis, aunque no creo que ni esta sea necesaria, cuando saqué la broca venía impregnada de algo mohoso, definitivamente vivo.
— ¿Qué crees que sea?
— Pues no lo sé, pero me parece que es algo vegetal, hongos, moho, o algas, no estoy segura. Ahora enviaré por la muestra física de corte. Espero que no le duela.
— Yo igual. Si necesitas algo, sólo grita.
— Seguro. Cambio y fuera. —Nydi cortó la comunicación y continuó hablando—. Como si pudiera confiar en ti, cabrón infiel.
La colonia reptaba por las paredes dejadas por aquella extraña presencia, se empujaba por el estrecho hueco y seguía la claridad. Repentinamente algo obstruyó la luz. Una vez más la presencia se dirigía hacia ella. Esta vez no la soltaría. Se topó con el objeto de su ciriosidad casi a la mitad de la perforación. La presencia pugnaba por bajar más, presionaba con fuerza y eso era desagradable.
— ¡Dany! Está sonando la alarma del taladro, algo anda mal.
La estación espacial recibía, casi en tiempo real, la información que enviaba el trineo de superficie.
— No puede ser, el hueco ya está hecho, ¿algún derrumbe?
— No lo sé, mejor esperemos el reporte de Nydi.
— Y ahora ¿qué fregados? —se exasperó la exploradora.
Su trineo lanzaba la alarma de broca atorada, revisó el tablero mientras detenía el motor.
— No puede ser, sólo ha entrado la mitad de la profundidad, ¿por qué demonios se detiene ahora?
— Nydi, responde ¿te encuentras bien? ¿Qué pasó?
— No ha pasado nada, no seas escandaloso. Simplemente el frasco de muestra se atoró a medio camino. El penetrador se ha de haber desviado un poco y por eso se atascó, voy a revisar todo y lo intento de nuevo. Si necesito algo te llamo.
— Nydi, Nydi....
— Lo siento amigo, te cortó —intervino Max.
— Voy a bajar.
— ¿Qué? Estás loco. Ella está bien, no exageres.
— Mira, hace casi quince minutos que pasamos sobre su posición, si me dejo caer ahora con el deslizador no tardaré mucho en estar con ella.
— No lo puedes hacer, es un ángulo muy pronunciado y caerás sobre hielo. Te vas a matar.
— Ella puede estar en peligro, tengo un mal presentimiento. Por favor. Además el tiempo parece haber mejorado.
— Esperemos quince minutos. Si necesita ayuda ella llama y nosotros estaremos en una posición mejor de descenso. Ok?
— ¿Y si no llama?
— Es que no necesita ayuda.
Una vez más aquello empujaba y producía una desagradable sensación en aquel extremo de la colonia. Podría definirlo como dolor. La colonia esta vez se aferró a aquello con el fin de defenderse, no sólo de ser un mero obstáculo pasivo. Agitó aquel extremo y luchaba por avanzar.
— Bueno, ¿pues qué demonios está pasando aquí? El nivelador vertical está perfectamente, el barómetro de profundidad sigue atorado a medio camino y ahora... ¿qué?
El penetrador empezó a sacudirse con violencia y a tratar de moverse en dirección contraria a la que se le ordenaba. Finalmente se quebró y salió expulsado hasta una altura considerable. El trineo se volcó.
— Ya no aguanto. Llámala por favor.
— Sólo han pasado diez minutos, ¿por qué no te relajas?
— ¡Llámala!
— Ok, sólo para que estés tranquilo. Pájaro Madrugador llamando a Comandante Nydi. Conteste por favor —silencio.
— Pájaro Madrugador llamando a Comandante Nydi. Conteste por favor —y así varios intentos más.
— ¡Te lo dije!, Te lo dije. Está en peligro. Me lanzo. Por favor pide ayuda de una vez.
— ¡Oye! Espera —Dany no esperó.
La grieta era pequeña y obstaculizaba el avance de la colonia, pero ella se sentía con un empuje que ni aquellas paredes de hielo podrían detener. Empujó y permaneció empujando mientras siguía la luz. Sintió el tibio calor y algo que la hacía sentirse más y más fuerte. Finalmente se decidió, hizo acopio de su nueva fuerza ganada con la exposición a aquella tibia fuente de luz y...
— ¡Dany! ¡Dany! Ayúdame, parece que hubo un derrumbe o un deshielo.... —Nydi trataba de aferrase a la pared del trineo mientras manipulaba el radio —no estoy segura de nada, tal vez haya sido un terremoto, pero en que pinche momento vino a pasar… ¡Dany, contesta por favor!
La temperatura aquí arriba era algo más tibia que en su antiguo hogar. No importaba, ese calor le hacía sentirse más fuerte. La colonia avanzaba hacía algo que emitía aun más calor, eran dos cuerpos, uno grande y sin movimiento, que casi alcanzaba aquel grado de calor que lo había lastimado con anterioridad, eso le trajo una sensación extraña, algo así como un el recuerdo de un dolor.
Por lo tanto, decidió, aunque no fuera consciente de ello, abalanzares sobre el otro cuerpo que despedía menos calor, era más pequeño pero más ágil. No tardaría demasiado en darle alcance.
— Pinche penetrador, quebró toda su base y con ello dejó inservible el radio y —-Nydi giró sobre sus talones, lo que vio la dejó sin aliento. Era una masa oscura, del mismo tono del moho que había limpiado de la broca. Se movía con relativa lentitud pero, en definitiva, se dirigía hacia ella. No era miedo, era simple precaución, trató de alejarse de aquella masa que se acercaba con determinación hacia ella. —¡Ah! Pero espérame tantito, no te vas a ir sin regalarme una muestra de tu tejido.
Nydi corrió, hacia donde había caído el brazo del penetrador y cogió el aditamento que tomaba las muestras de corte. Y regresó hacia la colonia. Su curiosidad científica pudo más que el natural miedo a lo desconocido.
La aceleración en la atmósfera calentaba la superficie del deslizador al rojo blanco, pronto estaría planeando sobre la Antártida si podía mantener el control de la nave y de sí mismo ante aquella brusca caída. Dany trató de ubicar las coordenadas y controlar el planeador para que hiciera su trabajo: Planear.
Estaba diseñado para amarizar, pero una capa de nieve no ofrecería demasiada resistencia.
Un objeto cruzó el cielo ya despejado en donde se encontraba Nydi. Cayó unos cientos de metros hacia el oeste. El estruendo fue perfectamente audible incluso por la colonia que se desconcertó un poco y detuvo su avance tratando de interpretar aquellas vibraciones del suelo y del aire. Nydi aprovechó y utilizó la tenaza par tomar la muestra de tejido. Eso fue bastante más doloroso que la quemadura anterior, la colonia avanzó con más decisión en busca de aquella pequeña emisión de calor.
Ahí la capa de hielo era delgada y con ayuda de su velocidad y temperatura, el deslizador la atravesó. Dany se hundía en aquella masa de hielo, despidiendo una columna de vapor. El cambió de temperatura agrietó la cubierta de cerámica del deslizador y trabó las puertas. Dany estaba en un verdadero apuro.
— Max, Nydi, ¿me escuchan? —fue el desesperado llamado de Dany.
— ¡Dany! Soy Max, ¿cómo estás?
— Mal, no conté con el brusco cambio de temperatura y las puertas están trabadas, el deslizador esta derritiendo la capa de hielo y si la atravieso me iré al fondo del océano antártico. Necesito que envíes ayuda de inmediato.
— No te desesperes, ya envíe cazas de una base polar británica, los encontraran pronto.
— Max, ¿no existe tierra firme bajo el lugar donde caí?
— No, Dany, estás a una decena de kilómetros de la superficie del continente, estás sobre la capa de hielo de la costa y el fondo está...
— Está...
— Digamos que... un poquito hondo.
— ¡Pide un submarino ya!
El deslizador siguió derritiendo el hielo. Nydi alcanzó a llegar a una leve duna de nieve y desde ahí pudo observar la tenue nube de vapor que desprendía el deslizador, justo en medio de una mancha como la que ella estaba investigando. El deslizador perdía calor y ganaba profundidad hasta que finalmente entró en contacto con una colonia más. El cambio de temperatura fue en extremo doloroso, inesperado. Un repentino impulso tensó todos los componentes de aquella colonia haciendo saltar el hielo que la cubría y con él todo lo que estaba cerca o sobre el mismo. El deslizador fue a caer a medio camino entre Nydi y la colonia agitada. El choque fue suficiente para destrabar las escotillas.
— ¿Dany, estás bien? —se acercó de inmediato Nydi.
— ¡Nydi! ¿Cómo estás? ¿Estás bien?
— De momento sí, amor —¿Amor? Hasta ella misma se sorprendió de aquella demostración.
— Vamos a pedir ayuda por radio para que nos vengan a rescatar.
— Sal ya del desliazador —Nydi lo jalaba con brusquedad— ¿Tienes otro traje espacial?
— Sí, pero ¿para qué lo quieres?
Nydi se vistió lo mas rápido que pudo, guardo sus muestras en las bolsas del traje y le gritó a su compañero: “ Revuélcate en la nieve”.
— ¿Ya vas a empezar con tus humillaciones?
La respuesta fue un contundente golpe en la quijada que lo derribó por completo. Nydi se tiró sobre él y lo obligó a girar en la nieve. Si Dany hubiera podido hablar le habría contestado de muy mala manera.
— Ponte el casco y sígueme. No te detengas, vamos.
Cuando Dany se puso de pie se vio enfrentado a dos moles de color oscuro que se acercaba a ellos desde lugares opuestos, casi los rodeaban.
— ¡Sígueme! —Dany obedeció boquiabierto. Pasaron cerca del borde de una de las colonias y siguieron corriendo. Los cazas sobrevolaron el área y dieron su posición al helicóptero de rescate.
Desde el aire la superficie de la Antártida, con tiempo despejado, parecía la piel de un leopardo, moteada de colores verdosos casi en su totalidad. Las dos masas que los habían perseguido se quedaron una sobre otra mientras ellos se alejaban de ahí.
— Que envidia —alcanzó a susurrar Nydi.
— ¿De que?
— De nada.
Una vez en el centro de operaciones, Nydi explicaba la situación:
— Desconozco las implicaciones que esto pueda traer a la humanidad completa, pero sea lo que sea me temo que se lo merece. Nuestra hipótesis es bastante simple y está respaldada por los datos recogidos en campo así como por los de nuestro satélite polar. Gracias a la inconsciencia de toda, y recalco: Toda, la humanidad, el boquete en la capa de ozono finalmente se rompió. Es un hueco no muy grande ciertamente, tal vez una docena de kilómetros cuadrados que está completamente abierto, es decir: no cuenta con un adelgazamiento de la capa de ozono, ¡no!, ha desaparecido, ¡se fue!
Esto para bien, de la humanidad en el corto plazo, o para mal de la humanidad en el largo plazo, representa una alteración gigantesca en la carrera evolutiva de este planeta. Las aguas frías de la Antártida contienen más oxígeno y por ende mayor cantidad de vida aeróbica. Precisamente la mayor cantidad de materia viva en este mundo se encuentra ahí y es el eslabón base de toda la vida marina, es decir: el plancton.
Y es así, señores, que un agujero en la capa de ozono provocado por los humanos, permitió la entrada de grandes dosis de rayos ultravioleta a la superficie del planeta y no sólo eso, atravesó la capa de hielo y mutó las múltiples, casi infinidad, de seres que conforman el plancton. Entre otros. Por ejemplo, tengo fotografías de osos polares con el pelaje característico de los pandas. Cierren la boca.
El resultado: alguno, o algunos, de esos seres, antes microscópicos, mutaron lo suficiente para crecer, sobrevivir y casi podría asegurarlo, alimentarse de un veneno mortal para el resto de las criaturas de este planeta: Los rayos ultravioleta. Si las plantas aprovechan la luz visible del sol, ¿por qué no alguien habría de hacerlo más allá en el espectro de radiación de nuestra estrella?
Así que, ahora sí: Hemos creado un mounstro. — Nydi sonrió con malicia.
Las implicaciones son tremendas, mas allá de cualquier pronóstico, así que les sugiero que se pongan a trabajar. Y por lo pronto señores, mi trabajo está terminado, encontrar soluciones es el suyo, espero que no sea demasiado tarde. Con permiso.
— ¿Y los dejaste así como así? —preguntó Dany.
— Sí. Yo ya hice mi trabajo y me cansé de advertirles hace bastantes lustros para que trataran de frenar la contaminación. Ahora les toca hacer el trabajo sucio a ellos. No creo que logren nada, pero, en fin — Nydi se encogió de hombros.
— ¿Y qué va a pasar? —inquirió Dany mientras la abrazaba intentando una nueva reconciliación—. ¿No te preocupa el futuro de la humanidad, de tus hijos?
— No lo sé y de momento ni me importa, ya vendrán las soluciones. La solución es bastante simple si saben algo de biología y sentido común. Además yo no tengo hijos, conozco algunos de la chingada, pero míos no —dijo, dándole un ligero golpe en la quijada—. Y ya. No quiero hablar de eso.
— ¡Ouch! Eso dolió, ¿por qué diablos me diste ese golpe en la quijada, eh?
— Por cabrón.
— Ya en serio. ¿Para qué querías que nos pusiéramos los trajes espaciales y nos revolcáramos en la nieve? Pudiéndonos revolcarnos mucho más cómodos aquí, en nuestra cama —le dijo entre besos y ligeras mordidas en la barbilla.
— Esas cosas tiene sentidos muy primitivos —le explicó Nydi estirando su cuello mientras dejaba caer su cabeza en el borde de la cama—, pero entre esos sentidos uno era termosensible: detectaban el calor. Los trajes espaciales son más aislantes que la ropa polar. Y recubiertos de nieve no nos podían detectar.
— Ah —prosiguió Dany bastante más ocupado en otras cosas—. ¿Y por qué cuando partimos en el helicóptero dijiste: ¿Que envidia?
— Por que se estaban haciendo lo que yo te voy a hacer ahora....
— Ah, creo que yo también me estoy haciendo termosensible...
— Ah....

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