Por la mañana escuché la entrevista de Carmen Aréstegui a algunos padres de los normalistas desaparecidos, a su abogado y a un normalista testigo presencial.
El resumén de las
impresiones de la entrevista con el Peña Nieto, Arestigui muy rara vez
lo llama presidente, que dan los dos primeros es de desencanto unos y de
promesas vanas el otro. "No nos recibió por iniciativa propia, lo hizo
presionado por los medios", "No venimos a que se nos haga un favor,
queremos que hagan su trabajo y haga justicia". Tómala, papá.
Uno de los padres lo es de un estudiante herido que se recupera dolorosamente de "la reconstrucción de un tobilllo, con una zonda en el estómago, y con riesgo de perder la mandíbula". Tiene dieciocho años.
Los puntos de acuerdo que se resistió en un principio a firmar el Peña incluían cosas que, en un Estado de Derecho, no nececitarían la firma de alguien que piensa no cumplirlo, se daría por descontado en un país que funcione adecuadamente. Rollo, puro rollo.
Lo más impactante para mí es el relato de los hechos del chavo estudiante donde, a cada paso, se narra una realidad terrible: el uso abusivo e implacable de la fuerza y recursos del Estado para joderle la vida a los cuidadanos incómodos.
Los detienen a balazos policías municipales, el Estado, estando ellos desarmados y siendo estudiantes no criminales.
Huyen del lugar y piden la presencia de medios de comunicación para que atestigüen el abuso en la escena del crimen ya que ni la policía estatal ni el ejército (El Estado) hacen acto de presencia durante dos horas.
La respuesta de los medios es que "tienen prohibido" por el municipio y el gobierno del Estado presentarse en el Lugar. De que tamaño es el miedo, el chayote, el control o la colusión para obedecer esa prohibición. Nuevamente: el Estado.
Después de las dos horas llegan algunos pocos medios a dar fe del acto, cosa que provoca el segundo ataque y la detención de los 43. Quien narra huye de ahí en busca de asistencia médica para su compañero, misma que le es negada por el hospital al que llegan.
El acto de barbarie de arrancarle los ojos y la cara a quien tuvo la osadía de escupirle a quien te violenta fue el abuso de poder de alguien que se sabe impune y protegido seguramente por... el Estado.
Finalmente llega el Estado, representado por militares, a acosar a los refugiados en el hospital. En lugar de brindar ayuda, los golpean, los acusan y les niegan la asistencia médica. El Estado.
"No está viendo que nuestro compañero se va a morir si no lo atienden" intentan hacer razonar al Estado.
"Ustedes se lo buscaron por desmadrosos" El Estado dixi.
Si eso no es un crimen de Estado, vivimos en una novela de Televisa.
Uno de los padres lo es de un estudiante herido que se recupera dolorosamente de "la reconstrucción de un tobilllo, con una zonda en el estómago, y con riesgo de perder la mandíbula". Tiene dieciocho años.
Los puntos de acuerdo que se resistió en un principio a firmar el Peña incluían cosas que, en un Estado de Derecho, no nececitarían la firma de alguien que piensa no cumplirlo, se daría por descontado en un país que funcione adecuadamente. Rollo, puro rollo.
Lo más impactante para mí es el relato de los hechos del chavo estudiante donde, a cada paso, se narra una realidad terrible: el uso abusivo e implacable de la fuerza y recursos del Estado para joderle la vida a los cuidadanos incómodos.
Los detienen a balazos policías municipales, el Estado, estando ellos desarmados y siendo estudiantes no criminales.
Huyen del lugar y piden la presencia de medios de comunicación para que atestigüen el abuso en la escena del crimen ya que ni la policía estatal ni el ejército (El Estado) hacen acto de presencia durante dos horas.
La respuesta de los medios es que "tienen prohibido" por el municipio y el gobierno del Estado presentarse en el Lugar. De que tamaño es el miedo, el chayote, el control o la colusión para obedecer esa prohibición. Nuevamente: el Estado.
Después de las dos horas llegan algunos pocos medios a dar fe del acto, cosa que provoca el segundo ataque y la detención de los 43. Quien narra huye de ahí en busca de asistencia médica para su compañero, misma que le es negada por el hospital al que llegan.
El acto de barbarie de arrancarle los ojos y la cara a quien tuvo la osadía de escupirle a quien te violenta fue el abuso de poder de alguien que se sabe impune y protegido seguramente por... el Estado.
Finalmente llega el Estado, representado por militares, a acosar a los refugiados en el hospital. En lugar de brindar ayuda, los golpean, los acusan y les niegan la asistencia médica. El Estado.
"No está viendo que nuestro compañero se va a morir si no lo atienden" intentan hacer razonar al Estado.
"Ustedes se lo buscaron por desmadrosos" El Estado dixi.
Si eso no es un crimen de Estado, vivimos en una novela de Televisa.

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